jueves, 12 de agosto de 2010

Y tu sombra va detras

Me sente frente a la maquina, hice a un lado al fantasma que habita en ella. Trone mis dedos, destrabe mi nuca, y me di cuenta que no servia de nada escribir poemas bonitos, decir amor y no querer ver que ya no esta.
Me entretuve al pensar que estabamos todos enrarecidos con el aire de buenos aires, esta ciudad tan hermosa y viva. Paseaba y me metia dentro de este saco que ya se nota que no esta muy limpio.
Como se notan la urgencia de sexo y la abulia, en este primate con guitarra electrica, pense.
El frio no se lleva con la risa, pero no importa ahi estoy yo con mis ojos clavados en unas nalgas inolvidables y espero que el taxi de la locura me lleve lejos, no se a donde, ni siquiera al vientre.
Esperar y escribir desde la socarrona compañia de la furia que no se va.
Encender un cigarrillo en invierno es un pequeño retroceso, a la cueva, a la madre, a tener fuego en las manos un segundo, sin analistas ni puritanos, a sentir calor, tal vez es como un renacer.
Aunque estemos fumando y muriendo y esperando a esa que baila en la noche entre todos los congregados al velatorio.
Estan las primas y el licor, solo falta la llorona y el fantasma que me pide que me levante de esta maquina y me vaya a buscar las formas del suicidio o el dolor. Le hare caso hoy sera una noche reseca y lenta...

Boris the spider


Caminaba por las paredes, me miraba ocho veces, como lo hacen los vendedores de falopa. Discretamente se movia a mi alrededor, trepando verticales que se desdibujaban en una realidad que se me enturbiaba.
El tremendo tobogan de sensaciones que a esa hora de la madrugada, me atacaba, impedia cualquier pensamiento o movimiento fisico . Lo que se dice: una Mamua Padre.
Sin embargo, la seguia en sus movimientos telares, con el instinto, quizas, la escuchaba...
En la habitacion repiqueteaban de una pared a otra, los pequeños rayos titilantes del celular que deje a un costado, sobre las sabanas.
Afuera, algunas insensibles estrellas, se oian en la inquietud de la nocturna oscuridad. Una rata cruzando por los cables viejos de la terraza, me saluda, gruñendo finito. Gire mi cabeza resacona y alli estaba , tejiendo el proximo sudario, enemigo pegajoso y asfixiante del que no podria escapar. Ambos lo sabiamos. Ella sabia que mi borrachera y mi estado marihuano no me dejarian despertarme y yo entendia que no podria hacer nada para, no digo matarla , pero al menos tratar de pegarle un manoton cuando estuviera cerca.
Tomo aire, como solo Ella puede hacerlo. Y volo, hacia la punta de la mesa de luz para, anclar el hilo que seria el sosten, de algo que no queria empezar a imaginar....

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