Estoy satirizando, con muecas. Por demás. Estoy saturando la paciencia del lector para tamizar a los que pueden seguir sus vidas o caer en estas lánguidas paginas de dos de azúcar,
En tardes de te verde...
O esos atardeceres que se juegan la cabeza solo en la ruleta.
Les prevengo:
Les doy la chance de explorar la constelacion melancolica donde
El encierro urbano es un laberinto.
De mensajes y fotos para postales sin esplendor.
Donde:
Los ricos destrozan sus mansiones para parecer victimas del virus.
Los pobres hacen sus lechos públicos.
Los humanos riendo y matando mujeres. Vaciando la Tierra y envenenando los rios.
Y yo, espectador, profeta báquico,
Aplaudiendo sus delirios,
Sus alegrías ausentes.
He vuelto.
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